Tóxicos del Tráfico Moderno el Autismo y Más


Read original article by Alison Rose Levy from Alternet here

Herbicidas e insecticidas en alimentos, hormonas en lácteos, químicos en el agua por la industria del gas natural…, todos estamos enfrentando serios riesgos de salud. Los gobiernos no pueden hacer mucho y es que las regulaciones se basan en estudios de la misma industria que produce tóxicos, sustancias presentes hoy hasta en medicinas, tratamientos, vacunas…Un estudio del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Harvard encuentra una gran incidencia de autismo en bebes expuestos a altos niveles de contaminantes en el aire que sobrepasan los niveles de la EPA (siglas en ingles de la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los EEUU). El estudio es apenas una muestra, pero constituye seria evidencia científica de lo que estamos enfrentando y más aún las familias con niños con autismo…Aquí algo más de este artículo que quizá mueva el corazón de científicos, gobernantes y del público en general:

La mayoría de las enfermedades como el cáncer son graduales e imperceptibles, es casi imposible poder relacionar la exposición a tóxicos a síntomas específicos o a enfermedades, lo que hace más difícil entender cómo las toxinas dañan la salud en general. Pero el autismo es claramente una excepción, la mayoría de los padres reportan problemas inmediatamente luego de las vacunas. Desafortunadamente, la ciencia no está muy avanzada. Cuando una toxina, un metal pesado o algún interruptor endocrino interacciona con la biología del bebe en el útero, en la infancia o en la niñez temprana, los efectos pueden ser mas serios, continuos y a largo plazo a diferencia de si la exposición ocurre en un adulto. Así como la semilla de una planta echa un germinado que se desarrolla en un tallo, raíz, hoja y/o flor, así los humanos crecemos y cada una de nuestras partes son especializadas, son sistemas y funciones intensivas en los primeros años de vida. Al menos desde la concepción, lo de fuera puede regularmente entrar e intervenir en esa evolución biológica.

Ya sea agro-tóxicos en un grano, hormonas en lácteos, sustancias químicas de la fractura hidráulica que llegan a nuestra agua potable, compuestos orgánicos y volátiles en el aire, interruptores endocrinos en productos de cuidado personal, o el diesel del combustible, según investigadores de Harvard el tráfico es portador de una serie de sustancias que cambian o influencian el delicado proceso de crecimiento.

En la Cuna del Medio Ambiente

Aunque los estadounidenses piensan que son individuos “libres”, son más bien “muñecas rusas” que crecen en la cuna del medio ambiente y la exposición a sustancias químicas se inicia desde las entrañas de la madre. EWG (siglas en ingles del Grupo de Trabajo Medio Ambiental) encontró que los bebes ya nacen contaminados con unas 200 sustancias químicas industriales y la pregunta es ¿cómo ocurrió?. Un bebe no cocina con teflón, o come insecticidas, o aspira los BPAs (cancerígenos) de los recibos de compras, quien estuvo (y está) expuesta a una serie de sustancias químicas persistentes es la madre. Estas sustancias químicas se transportan al bebe en el útero. Aún cuando la calidad del óvulo de la madre y del espermatozoide del padre (los ingredientes mágicos que hacen un bebe), sea buena, estos no son inmunes a la exposición a sustancias del medio ambiente. Esto no necesariamente hace culpables a los padres por la exposición al bebe. Tanto el papa y la mama son parte de un enorme medio ambiente y muchas de estos inevitables sustancias químicas circulan. El problema es que esa exposición es constante y acumulativa, mientras la ciencia es singular y lenta, los estudios toman mucho tiempo.

Ciencia Singular

Hace ya dos décadas desde que se expandieron las vacunas y paralelamente los niveles de autismo empezaron a crecer. Hoy el autismo afecta a uno de cada 50 niños. ¿Qué dice la ciencia médica acerca de los contribuyentes al autismo?. La principal y convencional respuesta ha sido insistir en un punto: las vacunas no causan autismo, todavía es un misterio. Pero la investigación “que proporciona la pólvora” – que podría encontrar un causante, (ya sea un gen o una sustancia) y que se podría tratar con alguna medicina – no ha dado frutos. Este importante estudio de Harvard apenas puede apuntar a varios contribuyentes significativos en un mundo multi-toxinas. Una vez que se apunte solo al diesel y al mercurio, los avances de los estudios científicos son apenas el principio.

Actualmente no existe ninguna medicina para esta exposición. La única manera de enfrentar los riesgos de la exposición al mercurio es evitarlo. Afortunadamente la mayoría de las vacunas en EEUU, excepto las de la influenza, son casi en totalidad libres de mercurio, pero no se puede decir lo mismo de las vacunas se distribuyen en países en desarrollo.

Ha tomado años de activismo para sacar el timerosal (el preservante de mercurio) de las vacunas de EEUU. Ya muchos niños estuvieron expuestos a esas vacunas. Los mismos grupos de médicos dijeron que la cantidad no era tan alta como para afectar un feto, pero se sabe que a los dos años de edad ya cualquier bebe ha recibido 237 microgramos de mercurio sólo de las vacunas, esta cantidad ya es 2,370 veces más de la cantidad permitida por la EPA (1 miocrogramo por kilogramo de peso al día). Hoy muchos otros ingredientes de las vacunas, se presumen son seguras ya sean solas o combinadas.

Si se encontrara culpable a un solo ingrediente, se abriría una puerta a un montón de litigios legales. Esto crea una situación difícil, los científicos no pueden identificar una sola causa sin hacer masivamente responsable a la manufactura (de vacunas y/o medicina). Pero decir que el tráfico en general aumenta el autismo, no hay problema!, absuelve a la industria (que tiene un regimiento de defensores) de esta responsabilidad.

Tres Premisas Para Entender los Riesgos de Salud

Tanto en la investigación como en la práctica, la ciencia de la salud no está al día con las tres premisas básicas de los riesgos a la salud:

  1. Es raro experimentar exposición a una sola fuente de tóxicos.
  2. Las sustancias del ambiente se combinan una vez dentro de nosotros.
  3. Cada individuo responde diferente a la exposición a algún tóxico, según su estado de salud y predisposición.

La ciencia se pasea y piensa: O el mercurio de las vacunas causa autismo o no, después de todo hay niños que han recibido las vacunas sin problemas. Pero para entender la simpleza de esto, veamos el ingrediente: mercurio. Al definir la exposición al mercurio no se cuenta con el cumulo (y el tiempo) a la exposición. Si analizamos el estudio de Harvard supongamos que:

  1. La familia vive en un área de mucho tráfico y por ende contaminado de mercurio.
  2. La familia come regularmente atún, uno de los más altos en mercurio.
  3. La mama tiene muchas amalgamas dentales de mercurio.
  4. La mama recibe regularmente vacunas del “flu” (influenza).

Para cuando llegue el momento en que un bebe recibe vacunas que contengan timerosal, ya ha estado expuesto(a) a suficiente mercurio que aumente el riesgo del autismo. Pero esta exposición “previa” nunca ha sido evaluada, mucho menos considerada como factor en este paradigma médico.

Tóxicos que se Combinan en Nosotros

El estudio de Harvard ha encontrado exposición leve también al plomo, al manganeso y al cloruro de metileno, sustancias también implicadas en el aumento de la incidencia del autismo. Según el estudio de Harvard “las evaluaciones de la EPA han indicado que ya se ha establecido sospechas de que todos estos contaminantes tienen efectos en el sistema nervioso y en el desarrollo del feto”. ¿Cómo es que estos tóxicos interaccionan con el diesel, otras materias y el mercurio? ¿Se potencian estos tóxicos cuando se combinan?. Los científicos no lo saben. Tampoco se sabe cómo otros ingredientes de las vacunas, además del mercurio, interaccionan entre ellos, o como se combinan con otras fuentes de tóxicos.

Según el Estado de Salud y la Predisposición, Las Personas Responden Diferente

Si un niño(a) tiene ya una exposición pre-existente al mercurio, a las partículas de diesel, o a otras sustancias químicas antes de las vacunas, la respuesta a estas puede ser diferente a un niño(a) con baja exposición. Aunque ninguna investigación ha encontrado un gen individual en el autismo, un sistema digestivo saludable fácil de ser desintoxicado y otros factores, todo depende de la capacidad bioquímica individual de cada persona y de su estado de salud.

Por todos estos factores, no se puede asumir que una vacuna o una serie de vacunas produce el mismo efecto en todos. Las vacunas no se proveen a robots en capsulas de tiempo, se proveen a individuos con estados de salud complejos. Como no se evalúan factores, como la proximidad pre-natal al trafico y a otros, que tiendan a incrementar (o a disminuir) el riesgo al autismo, es imposible para la ciencia predecir la respuesta individual a una o más vacunas, ni a un complejo de intervenciones de salud.

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