Cόmo Arreglar Una Nación de Maniáticos, Estresados, Deprimidos y Gordos


Read original article by Mary Fischer here

El Dr. Peter Whybrow está comiendo en un Sushi Bar cerca de su oficina de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) y le presta atención a lo que otros hacen. Aún cuando estén conversando con otros, todos están constantemente distraídos, entre el teléfono celular o la TV. Estas manías o tics nerviosos, hoy comunes, demuestran como la cultura estadounidense ha alterado la biología de sus cerebros, según el Dr. Whybrow, director del Instituto de Neurociencias y Comportamiento Humano de UCLA.

Whybrow, endocrinólogo y psiquiatra británico está fascinado con poder aplicar la neurociencia del comportamiento a los problemas sociales desde que llegó al Instituto en 1998. Ya desde esa vez en que la burbuja del maíz se expandía al igual que el internet, se diό cuenta de los peligros del estres psicosocial y el cada vez menor balance fisiológico.

“Los anteriores obstáculos de hacer las cosas todo el día como la oscuridad y la distancia, ya no existen” dice Whybrow. Nuestras hoy vidas rápidas aluden los síntomas de las manías clínicas: la emoción de adquirir cosas nuevas, la alta productividad, el hablar rápido, la pérdida del sueño, la irritabilidad y la depresión.

Whybrow piensa que las consecuencias psicolόgicas de estas manías modernas son dramáticas, contribuyentes a la epidemia de la obesidad, la ansiedad, la depresión. En su próximo libro, cuyo título tentativo es:” La Mente Intuitiva, El Sentido Común para el Bien Común”, Whybrow explora como reparar estos daños. Qué nos lleva por este precipicio de continua estimulación que no podemos controlar?, se pregunta, porqué simplemente no parar? Las buenas noticias es que estamos empezando a entender desde la perspectiva de la ciencia del cerebro.

“La computadora es la cocaína electrónica para muchos” dice Whybrow “Nuestros cerebros están configurados para obtener inmediato estímulo. Con la tecnología, la novedad es un estímulo, entonces te vuelves adicto a la novedad”. Y no podemos parar porque el cerebro no tiene un sistema de freno. Si no tenemos este freno natural a nuestro alcance, lo único que nos queda es nuestra propia inteligencia y el sistema regulador externo de la corteza cerebral frontal, lo último en la evolución del cerebro. Este “cerebro ejecutivo” regula el control de los impulsos y el razonamiento. Pero, dice Whybrow, “a pesar de nuestra superior inteligencia, seguimos manejados por nuestros deseos ancestrales”. Las partes más primitivas de nuestro cerebro: la médula y el cerebelo se desarrollaron hace milenios cuando la cena no era necesaria. Encierran los canales de la estimulante dopamina. Cuando una acción tiene un buen resultado, como coger un alimento antes de que se acabe, o encontrar algo nuevo, los neurotransmisores de la dopamina despiden sustancias químicas que nos hacen sentir placer. A mayor placer, mayores los deseos. Cuando los circuitos se saturan con casi continuas subidas de dopamina, nuestra ansia de estímulo, ya sea por sexo, alimentos, o textos del celular “se convierte en un hambre sin límites” dice Whybrow.

Mientras nuestros centros cerebrales estimulantes estén en alta velocidad, también lo están los sistemas de precaución al peligro. Los circuitos del cerebro contrarrestan y/o responden, con una dosis de adrenalina, que es una respuesta a emergencias agudas, como por ejemplo defenderse de un león. Como quiera que nuestro cerebro reptil no puede distinguir entre una amenaza real o potencial, responde a cualquier reto psicológico, como cuando hay tráfico congestionado, te olvidaste otra vez de pagar la hipoteca, etc., realizando alguna respuesta rápida. “En el pasado, peleabas y, o ganabas o morías intentándolo, de todas maneras el estrés desaparecía” explica Whybrow. “Hoy la alarma suena más a menudo según como vayamos encontrando una amenaza prolongada”. Mientras esta amenaza este activa, el estrés, interrumpe la red de comunicación entre el cerebro y el sistema inmune, acelerando la producción de moléculas llamadas citoquinas, la sobre producción de las citoquinas pueden resultar en inflamación o en una enfermedad. El estrés prolongado hace que la región del cerebro llamada hipotálamos despida cortisol, una hormona que aumenta la glucosa y la presión arterial. “Cuando la respuesta al estrés es continua” explica Whybrow “nos causa agresión, una sobre vigilancia, y excesos de reacción”. No es extraño que según el Instituto Nacional de la Salud Mental, asegure hoy que la ansiedad es el síntoma psiquiátrico más común que afecta a 40 millones de personas. La conexión entre el estrés mental y la obesidad ha sido ampliamente documentada.

Cόmo entonces responde el mismo Dr. Whybrow, dado a que dirige una enorme institución, una facultad de 400 personas, con tareas que cumplir en determinado tiempo y constantes conferencias?

En su oficina durante la entrevista de más de una hora, no hubo ninguna interrupción, No e-mail, ni mensajes de texto, ni teléfono y la computadora estaba apagada al igual que su celular, este siempre anda apagado. Él trabaja regularmente hasta las 9 p.m., pero no trabaja en casa. Durante los fines de semana, revisa su e-mail sόlo una vez al día. “La idea no es que no es que no trabajes arduamente” explica Whybrow, “asi debe ser” pero debes de “apagar otras distracciones” y crear espacios. He hecho una consciente decisión de vivir una vida que no está dominada por las prioridades de otra persona. No importa cuán bien se sienta uno con la dopamina.

 

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