Por que la Paz Depende de lo que Escojas para Comer


Traducido del discurso de Vandana Shiva, físico y medio ambientalista de la India, publicado por National Times, con motivo de recibir el Premio de la Paz de Sidney 2010 en La Casa de la Opera de Sidney en Australia el día 3 de Noviembre.

Cuando reflexionamos acerca de las guerras de estos tiempos, nuestros pensamientos vuelan hacia Irak y Afghanistán, pero la peor guerra es aquella que se realiza contra el planeta. Esta Guerra tiene sus raíces en una economía que no respeta los límites ecológicos y éticos, los límites de la inequidad, de la injusticia, de la ambición y de la concentración económica.

Un puñado de corporaciones y países poderosos están buscando obtener el control de los recursos del planeta y transformarlos en todo lo que se pueda vender. Ellos quieren vender nuestra agua, nuestros genes, nuestras células, órganos, conocimiento, cultura y futuro.

Las continuas guerras de Afghanistán, Iraq y las que seguirán no sólo son “sangre por petróleo”. Según como se vayan desarrollando serán sangre por alimentos, sangre por genes y biodiversidad, sangre por agua.

La mentalidad de Guerra subrayada por la agricultura industrial militar es evidente si consideramos los nombres de los herbicidas de Monsanto: ”Round-Up”, ”Machete”, ”Lasso”. American Home Products, otra compañía que se ha unido a Monsanto, les pone a sus herbicidas nombres agresivos similares que incluyen: ”Pentagón” y ”Squadrón”. Este es el lenguaje de la Guerra. En cambio la sustentabilidad esta basada en la paz con la tierra.

La Guerra contra el planeta tierra se inicia en la mente. Pensamientos violentos dan pié a acciones violentas. Categorías violentas construyen herramientas violentas. Y todo esto es visible en las metáforas y los métodos en los que esta basado la industria agrícola y la producción de alimentos. Las fábricas que produjeron venenos y explosivos para matar a personas durante la Guerra se fueron transformando en fábricas para producir agro-químicos después de la Guerra.

El año de 1984 desperté con el hecho de que algo terriblemente malo estaba pasando con la manera en que los alimentos se producen. Con la violencia de Punjab y el desastre de Bhopal, la agricultura parecía una Guerra. Allí fue cuando escribí “La Violencia de la Revolución Verde” y la razón por la que inicié Navdanya, un movimiento por una agricultura libre de venenos y de tóxicos.

Los plaguicidas que en sus inicios fueron químicos de Guerra, nunca controlaron las plagas. La ingienería genética que se suponía proveería una alternativa a los químicos tóxicos, más bien ha hecho que se incremente el uso de plaguicidas y herbicidas además de fomentar una Guerra en contra de los mismos agricultores.

Los altos costos de los insumos y de los químicos han sumido a los agricultores en deudas, las mismas que los han empujado al suicidio. Según datos oficiales, más de 200,000 agricultores de la India se van suicidando desde 1997.

La paz de la Tierra siempre fue un imperativo ético y ecológico. Se ha convertido hoy en un impertativo para nuestras especies.

La violencia contra la tierra, la biodiversidad, el agua, la atmósfera, los campos y los agricultores produce un sistema similar al de la Guerra imposible de alimentar a las personas. Un billón de personas sufren de hambre. Dos billones sufren de enfermedades relacionadas a los alimentos: obesidad, diabetes, hipertensión y cáncer.

Hay tres niveles de violencia en el desarrollo no sustentable. El primero es la violencia en contra de la tierra, la que se expresa en una crisis ecológica. El Segundo es la violencia en contra de las personas, que se expresa en la pobreza, la destitución, el desplazo. El tercero es la violencia de la Guerra y el conflicto, según como los poderosos ambicionen los recursos bases de otras comunidades y países para sus apetitos ilimitados.

Cuando cada aspecto de la vida es comercializado, el costo de vida se eleva, y las personas se empobrecen aunque ganen más de un dóllar al día. Por otro lado, las personas pueden ser pudientes, aún sin una economía monetaria, si tienen acceso a sus tierras, sus campos son fértiles, sus ríos son limpios y sus culturas son ricas llenas de tradiciones que produzcan hermosos hogares, ropa y alimentos deliciosos, donde exista la unidad social, la solidaridad y el espíritu comunitario.

La elevación del dominio del Mercado y del dinero como un capital hecho por el hombre, a una alta posición como el más alto principio de organización para las sociedades y como la única medida de bienestar, ha llevado a socavar los procesos que mantienen y sostienen la vida en la naturaleza y en la sociedad.

Cuanto más ricos nos volvemos, nos volvemos también más pobres ecológica y culturalmente. El crecimiento de la opulencia medida en dinero conlleva a un crecimiento de pobreza en los niveles materiales, culturales, ecológicos y espirituales.

La verdadera moneda de la vida es la vida misma y esta visión hace que nos preguntemos: cómo nos vemos a nosotros mismos en este mundo? Para qué estamos los humanos?. Somos sólo una máquina de hacer dinero y de consumo de nuestros recursos? O tenemos un propósito más elevado, una meta más alta?

Creo que la “democracia del planeta” nos permite visualizar y crear democracias vívidas basadas en el valor intrínseco de las especies, de las personas, de todas las culturas, de compartir por igual los recursos vitales de este planeta y de compartir también las decisiones acerca del uso de estos recursos.

La democracia del planeta proteje los procesos ecológicos que mantienen la vida y los fundamentales derechos humanos que constituyen las bases del derecho a la vida, incluyendo el derecho al agua, a los alimentos, a la salud, a la educación, al trabajo y a medios de vida.

Tenemos ahora que elegir. Obedeceremos las leyes del Mercado de la ambición corporativa o las leyes Gaia para el mantenimiento de los ecosistemas y la diversidad de sus seres?

Las necesidades de las personas de alimentos y agua pueden ser satisfechas sólo si la capacidad natural de proveer alimentos y agua es protegida. Tierras y ríos muertos no pueden proporcionar ni alimentos ni agua.

Defender los Derechos de la Madre Tierra es entonces la lucha más importante por los derechos humanos y la justicia social. Es el movimiento de Paz más amplio de nuestros tiempos.

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